Oliver Pérez, D. (1996), en su artículo Origen árabe de «haza», defiende documentadamente la procedencia de este étimo:
5. Paso del árabe FAḤṢ al romance haza
En el plano fonético no existe impedimento alguno para defender la conversión del FAḤṢ árabe en el haza romance, desarrollo que ha de considerarse normal. En primer lugar, de todos es conocido que la >f< inicial árabe se ha conservado en determinadas regiones y que es característico del castellano su transformación en >h< y su posterior desaparición, cambio que se documenta en un alto número de arabismos. Segundo, sabemos que son muchas las palabras que contienen una >z< (o la grafía antigua >ç<) como resultado de un ṣād (102); que los mozárabes toledanos transcribieron nuestra haza por el árabe fāṣa, es decir, emplearon la misma /s/ que contiene el étimo, y que incluso existe algún ejemplo aislado de /ṣ/ dando >x< y luego >j<, lo que explicaría la presencia del sonido /š/ en algún derivado (103). Tercero, la aparición de la >a< final no puede extrañar, cuando se conoce que los términos hispanos nacidos de otros árabes terminados en consonante toman una vocal de apoyo.
Todo esto supone que si FAḤṢ sigue un proceso normal se ha de esperar, para el nombre común: faze, faza, haze, haza, aza, y, excepcionalmente, faxa, faja. Asimismo hemos de considerar natural que en los topónimos compuestos en los que FAḤṢ aparece como primer elemento y seguido del artículo al- o de una palabra que comienza con vocal, los resultados sean faz-, haz-, az-. Para la documentación de dicho desarrollo fonético contamos, además, con un alto número de topónimos y con una curiosa expresión, cuyo análisis revela que el árabe FAḤṢ se pronunció /haፀ/ en latín y ro-mance. Nos referimos al vocablo compuesto faḥṣ al-damm 'campo de la sangre' transcrito en latín por Haceldama, y que, como voz hispana, es registrada también en nuestros diccionarios (104).
En lo que respecta a los nombres geográficos, sobre los que hablaremos en un futuro artículo, podemos adelantar que serán examinadas formas como Fazálvaro / Haçalvaro / Azalvaro; Moratalfaz / Moratalaz; Fazali, Façalcazar, Fazouro, Azcamellas, Acellana, etc., y que incluso contamos con determinados topónimos que, por registrarse en documentos árabes y romances, son prueba evidente de la existencia de la forma medieval haç-a como derivada de FAḤṢ. Este es el caso, por ejemplo, de Faḥṣ al-Maŷrīṭ, que en el siglo XV era Haça-l-Madrid, o de Faḥṣ al-Qaṣr, que en un documento de Alfonso X es Façalcazar.
102 Como ejemplo podemos citar los muchos vocablos nacidos de un ṣāḥib (zabazoque, zalmedina, zabasorta, zabazala) o de un ḥiṣn (Aznar, Aznalcázar, Aznalfarache, Aznarón, Iznájar, Iznatoraf).
103 Sobre este cambio véase Corriente, F., Sketch..., p. 50, 2.17.1, y González Palencia, A., «Documentos árabes de Cenete» (Al-Andalus V, p. 306), donde se señala un Faḥṣ al-Ḥawza, hoy Fajalauza.
104 Sobre la transcripción latina véase el texto de Aldrete que reproducimos bajo el siguiente epígrafe. Para la documentación de la expresión romance, véase Esteban de Terreros y Pando, Diccionario castellano con las voces de ciencias y artes (1787), Madrid, 1987, p. 257.