Eguílaz y Yanguas (1886) también recoge este término:
ABALORIO cast. y val. abalori val. avelorio port. Pedazos de cuentas pequeñas de vidrio, de varias formas, colores y tamaños. Úsanse las grandes para adornar las popas de los barcos llamados sacalevas y chaitias, y las pequeñas para rosarios, collares, guarniciones de vestidos, pulseras, etc., etc.
Sin parar mientes en que el vocablo abalorio es el griego βηρύλλος, como lo hizo notar Marina, tomándolo de Golio, el latino beryllus que menciona Plinio en su Hist. Nat. y el castellano beril que se halla en Nebrija, voz que P. de Alcalá traduce por bolara en su Vocabulista, y que estas mismas procedencias asigna Freytag á la dicción arábiga traduciéndola por beryllus, citando el lugar de Plinio (XXXVII, 5) en que se encuentra, el etimólogo español y después de él Engelmann y Dozy atribuyeron á la castellana un orígen arábigo, haciéndola venir de البلور alballor, بلور billaur, y بللرة bollara en R. Martín, cristallus, beril, cristal, piedra preciosa en P. de Alcalá.
Sentado el origen griego de abalorio, que reconoce al fin Dozy en su Suplemento, por más que su introducción en las lenguas y dialectos de nuestra península bajo su actual forma se deba á los árabes, pienso que la etimología de Marina, reproducida por los doctos orientalistas holandeses, puede ser sustituida por el adjetivo بلورى billaurí, cristalino, de cristal, que cuadra mejor con la significación y forma de las dicciones españolas, que la oriental propuesta por los etimologistas citados, con la cual no es dable explicar sin violencia sus terminaciones en i, io. Prefijado el art. ár. al con supresión del lam y contraido el diptongo au en o resulta el Abelori val., y, añadida la terminación o, las formas cast. y port.